Las dos sabíamos que el final estaba cerca, las dos estábamos mal, yo recuperándome de la muerte de mi madre y tu luchando por estar un día más entre nosotros.
Odiabas hablar por teléfono, después de ser tele operadora, cualquiera lo odiaría. Preferíamos el WhatsApp, aunque si me notabas mal, me llamabas y viceversa.
Entramos en la pandemia, y las dos sabíamos que era el final.
Tenías ganas acabar con todo, ya no tenías fuerzas para continuar. Que no lo podías hablar con nadie, ya que sabías, que esas palabras a tu familia les causaba dolor, te pedí por favor, que sí necesitabas hablarlo, lo hicieras conmigo, mi “Nany Bonita”, me dijiste que no lo volverías a hablar conmigo, ya que sabías que también me causabas dolor. Pero más dolor me causaba, sentirte cada vez más débil, mas extenuada y más preparada para dejarnos tristes, pero con buen sabor de boca. Por que quien te conoció y te recuerde, siempre esbozará una sonrisa y eso querida amiga, es muy difícil de conseguir.
Odiabas hablar por teléfono, después de ser tele operadora, cualquiera lo odiaría. Preferíamos el WhatsApp, aunque si me notabas mal, me llamabas y viceversa.
Entramos en la pandemia, y las dos sabíamos que era el final.
Tenías ganas acabar con todo, ya no tenías fuerzas para continuar. Que no lo podías hablar con nadie, ya que sabías, que esas palabras a tu familia les causaba dolor, te pedí por favor, que sí necesitabas hablarlo, lo hicieras conmigo, mi “Nany Bonita”, me dijiste que no lo volverías a hablar conmigo, ya que sabías que también me causabas dolor. Pero más dolor me causaba, sentirte cada vez más débil, mas extenuada y más preparada para dejarnos tristes, pero con buen sabor de boca. Por que quien te conoció y te recuerde, siempre esbozará una sonrisa y eso querida amiga, es muy difícil de conseguir.
Que esas palabras salieran de tu boca, de alguien tan sumamente fuerte, que, con 15 años, se hizo mujer, se casó, trajo una vida al mundo, se emancipó, estudio su carrera, trabajando y criando a su hijo, junto con su marido. Que no le faltó trabajo, porque siempre lo busco y se adaptó a las circunstancias, sin pedirle nada a nadie, teniendo su casa y sus animales.
(Eras como la “loca de los gatos de los Simpson”, sólo que tú no los tirabas por ahí, los recogías y los cuidabas, con mimo y esmero)
Me comentaste que te estaban “dejando morir” que no podías recibir el tratamiento, después de más de dos operaciones de un cáncer genético, que sabíamos que se iba a volver a reproducir, pero por segunda vez y en el cerebro. Pero ya no tenías fuerzas, a pesar de tener una mente muy fuerte, el dolor y el deterioro físico, eran ya insoportables. Tenías ganas de abandonar.
Eres de esas pocas personas que han pasado por mi vida, que jamás me ha fallado, tú y sólo tú, me has enseñado lo que significa la amistad, a veces, no hacía falta hablar, para saber lo que ocurría, con esa mirada de reojo, ya nos entendíamos.
Quizás no nos veíamos todos los días, los quehaceres cotidianos y vivir la vida a veces, no nos deja tiempo para nosotros mismos, y disfrutar de las amistades.
Has sido y serás una mujer, para mí, con todas las letras. Un ejemplo a seguir de constancia, tenacidad y alegría. Siempre con una sonrisa, siempre abierta de brazos para darme un abrazo.
Eres la única persona en el mundo con la que no me he podido enfadar y sé que ha sido recíproco.
En invierno con paraguas, parecíamos dos setas, caminando por Juan Florez, todavía no había móviles con cámara. Siempre lo decíamos y siempre nos reíamos. Las más que perras.
Eres de esas personas que nunca se olvidan, ni se quieren olvidar, a las que se les recuerda con una sonrisa y las que siempre se les amará.
Eres de esa clase de personas a las que se admira, por la fuerza y la valentía que tenías, al enfrentarte a la vida, por tu optimismo y alegría, por tu saber estar.
Nunca me olvidaré el día en que te conocí, con tus dos coletas y tu jersey negro, en las delicias, porque íbamos a hacer una maldad; con esa gran sonrisa que denotaba felicidad.
Mi querida amiga, nuestras maldades, son nuestras y nadie jamás las sabrá. Ya que las mentes retorcidas, jamás lo entenderán.
Hay pocas personas en este mundo, con las que me quiero reencontrar, pero tú y yo lo haremos en el más allá.
Te quiero mi “Nany Bonita”, no me dejes nunca de cuidar.
Allá donde estés, no dejes nunca de velar, por esta pobre chica, que es una calamidad.
(Eras como la “loca de los gatos de los Simpson”, sólo que tú no los tirabas por ahí, los recogías y los cuidabas, con mimo y esmero)
Me comentaste que te estaban “dejando morir” que no podías recibir el tratamiento, después de más de dos operaciones de un cáncer genético, que sabíamos que se iba a volver a reproducir, pero por segunda vez y en el cerebro. Pero ya no tenías fuerzas, a pesar de tener una mente muy fuerte, el dolor y el deterioro físico, eran ya insoportables. Tenías ganas de abandonar.
Eres de esas pocas personas que han pasado por mi vida, que jamás me ha fallado, tú y sólo tú, me has enseñado lo que significa la amistad, a veces, no hacía falta hablar, para saber lo que ocurría, con esa mirada de reojo, ya nos entendíamos.
Quizás no nos veíamos todos los días, los quehaceres cotidianos y vivir la vida a veces, no nos deja tiempo para nosotros mismos, y disfrutar de las amistades.
Has sido y serás una mujer, para mí, con todas las letras. Un ejemplo a seguir de constancia, tenacidad y alegría. Siempre con una sonrisa, siempre abierta de brazos para darme un abrazo.
Eres la única persona en el mundo con la que no me he podido enfadar y sé que ha sido recíproco.
En invierno con paraguas, parecíamos dos setas, caminando por Juan Florez, todavía no había móviles con cámara. Siempre lo decíamos y siempre nos reíamos. Las más que perras.
Eres de esas personas que nunca se olvidan, ni se quieren olvidar, a las que se les recuerda con una sonrisa y las que siempre se les amará.
Eres de esa clase de personas a las que se admira, por la fuerza y la valentía que tenías, al enfrentarte a la vida, por tu optimismo y alegría, por tu saber estar.
Nunca me olvidaré el día en que te conocí, con tus dos coletas y tu jersey negro, en las delicias, porque íbamos a hacer una maldad; con esa gran sonrisa que denotaba felicidad.
Mi querida amiga, nuestras maldades, son nuestras y nadie jamás las sabrá. Ya que las mentes retorcidas, jamás lo entenderán.
Hay pocas personas en este mundo, con las que me quiero reencontrar, pero tú y yo lo haremos en el más allá.
Te quiero mi “Nany Bonita”, no me dejes nunca de cuidar.
Allá donde estés, no dejes nunca de velar, por esta pobre chica, que es una calamidad.
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