¡He ahí la cuestión!
Porque todo depende del cristal con que se mire: de quién comete el delito y quién lo sufre.
¡Españoles, Franco ha muerto, pero el racismo en España no! Tranquilos, no os voy a hablar de Franco… pero sí de racismo. Y eso, en 2025, más que penoso, es aberrante.
¿Qué es el racismo?
Tranquilo, lector, que ya te lo explico yo. ¡Quieto parado! Según la Real Academia Española (RAE), racismo es:
• Actitud de rechazo y desprecio hacia personas de raza o etnia distinta a la propia.
• Doctrina que exalta la superioridad de una raza sobre las demás, basada en caracteres biológicos, y que suele llevar a discriminación o persecución.
Esta definición abarca tanto una actitud individual como una ideología estructural.
No me importa tu raza, color de piel, ideología o sexualidad. Eres un ser humano, y por eso nunca deberías ser discriminado.
Que hoy, en pleno siglo XXI, tenga que aclarar que Bertrand Ndongo y Vinícius Jr. son simplemente dos trabajadores, y que ninguno merece ser tratado con desprecio ni en público ni en privado —y mucho menos por los medios de comunicación, donde el daño se multiplica—, es, sencillamente, para hacérselo mirar.
¿Sabéis lo que más duele? Que insultarlos se ha vuelto tan natural, tan cotidiano, como respirar. ¿Por qué? Porque cuando algo se hace con naturalidad, es porque ya forma parte de la rutina. Y esa rutina solo se perpetúa porque se les permite todo.
Aquí empieza la ley del embudo: parece que solo algunas personas pueden jugar “al lupo, lupo”. Nosotros las miramos estupefactos, y ellas nos menosprecian con impunidad. Luego, tras una rabieta pública, nos sonríen alegremente. Así son Ana y Sarah, “sororas” donde las haya y tan amigas de la verdad.
Por el simple hecho de ser “seres de luz”, se sienten con derecho a denigrar públicamente a alguien por el color de su piel, mientras los “istas” aplauden desde RTVE como focas. A Bertrand lo han llamado “gorila”, “orangután” o “el negro de Vox” en medios públicos. Pero como lo dicen ellas, parecen licencias poéticas nacidas del fragor de la batalla. Un berrinche de arpía más; pero no pasa nada.
Para muestra, un botón:
• El artículo de 20 Minutos sobre Ana Pardo de Vera — [Ver: 20 Minutos].
• El vídeo de Divergente Digital con Sarah Santaolalla — [Ver: Video]. Fue retirado, pero los hechos ocurrieron en directo.
En cambio, si el insultado es Vinícius Jr., la sociedad entera —sobre todo RTVE y ellas— pone el grito en el cielo. Y con toda razón — [Ver: El País].
Dicho esto, “aliades de lo absurdo”: tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando. Me da igual, pero no me es indiferente. Me molesta, me indigna y no quiero formar parte de esta sociedad que fomenta y aplaude este doble rasero, siempre que las protagonistas sean nuestras idolatradas Sarah Santaolalla y Ana Pardo de Vera.
Dos personas, Bertrand Ndongo y Vinícius Jr, pertenecientes a una minoría protegida, dos trabajadores natos en lo suyo, ambos guapos, limpios y aseados: uno pobre y otro rico. Dos ejemplos de superación: uno, a pie de calle y con un micro en mano; el otro, futbolista de élite. Pero los medios responden de manera distinta, y eso hace que España, cada día, sea un poco peor. Lo siento mucho, pero no hay más ciego que el que no quiere ver.
Dicen que todos los caminos conducen a Roma, pero algunos derroteros solo llevan al fanatismo extremo. Y no es bueno, señores, no es bueno.
Y más allá de lo que opine cada uno, esto es lo que dice la ley española sobre el racismo y los medios públicos:
En España, la Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, del Estatuto de la Policía, y el Código Penal contemplan de forma explícita la prohibición y sanción del discurso y actos racistas y xenófobos, incluyendo aquellos que se difunden por medios de comunicación. Por ejemplo, el artículo 510 del Código Penal castiga con penas de prisión y multas cualquier acto de difusión pública de mensajes que inciten a la discriminación, el odio o la violencia contra grupos o individuos por motivos raciales, étnicos o religiosos.
Además, RTVE, como medio público, está obligada por la Ley 17/2006, de 5 de junio, del Estatuto de la Radio y Televisión Públicas, a garantizar la pluralidad, la igualdad y el respeto a los derechos fundamentales, entre ellos la dignidad y no discriminación por raza, género, orientación sexual o cualquier otra condición.
Que esto se incumpla o se deje pasar es, sencillamente, una aberración más. Eso sí, con dinero público. Dicen que todos los caminos conducen a Roma, pero algunos derroteros solo al precipio de la amoralidad social y política.
Y es ahí donde me asalta una duda:
¿Realmente Bertrand Ndongo y Vinícius Jr. han sufrido racismo... o solo cuando nos conviene?
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