Esta España nuestra, ay, ay... Me despierto en mi querida España de 2025 con el eco de esa canción de Cecilia. Mi querida España, 1975 , suena como si me entrevistara cincuenta años después. Ella, Evangelina Sobredo Galanes, madrileña, nacida en 1948, fallecida con tan solo 27 años en un trágico accidente en Zamora. Hoy tendría dos años más que yo. De la misma quinta. Pocas canciones recogen mi sentir —contradictorio en este caso—. Añoro sentirme así y, al escuchar la canción, me viene a la mente la degradación: Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra. Parece que Cecilia me habla a mí, me pregunta qué tal ha envejecido su patria... y siento vergüenza al decírtelo. Esta España nuestra, ay, ay De tu santa siesta, ahora te despiertan versos de poetas. ¿Dónde están tus ojos?, ¿dónde están tus manos?, ¿dónde tu cabeza? Mis ojos miran con nostalgia lo vivido en la calle, con mis vecinos, jugando al escondite, al potro, a las canicas, al pañuelo, a las muñecas, a la comba. Si...
... malvadas y peligrosas! Sin que sirva de precedente, estoy totalmente de acuerdo con la Policía Nacional. Esto ya es el colmo. Levantarse y ver la noticia en X es demencial. Ya iba siendo hora de que les parasen los pies. Llevan años así: se aprovechan de algo público para hacerlo privado. Y ni el heteropatriarcado, ni los ninis, ni los colectivos vulnerables han tenido las gónadas de poner fin a esta barbarie. Ellas, tan pichis, creyéndose moralmente superiores y, sin tener nada mejor que hacer, salen con nocturnidad y alevosía, con su silla y su “Mirinda de naranja”, creando el pasillo de la vergüenza. Algunas son más atrevidas y llevan lo que parece agua, pero es anís del mono. ¿Quiénes se creen estas “señoras” para vulnerar, noche tras noche en verano, nuestros derechos? Se creen que la calle es suya, y nosotros nos vemos obligados a pasar por el “pasillo de la vergüenza”. No podemos hacer impunemente maldades. Están ellas ahí, capturando el momento y guardándolo en su RAM. Lueg...