Desde la más absoluta humildad y respeto que me mereces (que es todo), esperando que te lleguen estas letras y te las tomes, con cariño.
De corazón a corazón.
Hay mil maneras de enfrentarse a la muerte de un ser conocido y desconocido, al igual que mil maneras de vivir.
Somos como decía Raid, … nacen, se reproducen y mueren. Así somos nosotros los seres vivos.
Todos y cada uno de nosotros, lo sabemos, pero pocas personas piensan en ello, por lo que fuera o fuese.
Hay mil maneras de enfrentarse a la muerte de un ser querido y mil maneras de intentar sobrellevarlo, hay gente que no lo supera, se ancla y no sabe continuar con su vida.
Con respeto a la muerte del padre de Irene Rosales y al hijo de Ana García Obregón, no deberías ni ser tan brusca, ni tan imperativa. Tus frases, lamentablemente son excesivamente poco empáticas y nada consoladoras para estas personas que han perdido un ser excesivamente querido y cercado.
Personalmente, no habrás leído, hasta ahora, ni una sola palabra con respecto a la muerte de tu marido, has celebrado su partida de este mundo, como lo has sentido, y me ha encantado, que vuestra personalidad, en esos momentos tan difíciles, ganase al qué dirán. Bonito y hermoso, ese recuerdo que atesoráis en vuestros corazones.
No hay enfermos, si no enfermedades.
Parece mentira que no sepas, que cada persona se enfrenta de una manera a una larga enfermedad, que un cáncer te lleve en año y medio, ¿es una larga enfermedad?, de todo ese tiempo, ¿Cuánto tiempo está sin calidad de vida? ¿Cuánto tiempo se está sufriendo? ¿Quién sufre más el realista, optimista o el pesimista? Parece mentira Paz Padilla.
A estas alturas de la vida, que no se sea tolerante con el dolor ajeno, tú que te jactas de decir que, te preocupas por todos, que solo das amor, pero no das comprensión.
Has escogido como vivir, la enfermedad, la muerte y la ausencia, de tu madre y tu marido. Deja a los demás, vivir lo mismo, sin criticarlos, ya que les haces daño, sin querer, pero lo haces.
No todos tenemos desarrollada la inteligencia emocional, para afrontar una enfermedad, larga, dura, con altibajos.
En mi caso al menos, del optimismo, se pasa al realismo y por último al pesimismo, sabiendo que en esta vida estamos de prestado, dura poco tiempo y seguir el camino, sin un ser amado, es duro.
Un día paseando con mi madre, me dijo “ya estoy harta de todo”, “gracias mamá”, “gracias por lo que me toca”, “aprenderás a vivir sin mí”. Hostia sin mano en la cara. Tenía razón. Deja que ellos mismo lo descubran, deja que ellos, expresen ese dolor como quieran, muchas veces, aunque os lo creáis y no se digan las cosas, enmascarar el dolor con una sonrisa, no deja de ser dolor.
El dolor es parte de la vida, todos en un momento dado, tenemos sufrimientos y no tenemos herramientas necesarias para gestionarlo. ¿De quién es la culpa? ¿No leer libros, esos que recomiendas?.
Vive y deja vivir, muchas veces una sola frase, hace más daño que una crítica no constructiva.
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