Siempre te has caracterizado por tus arranques, cual miura, en plaza cabreado, por tus amiguismos desmesurados y por tus “odios” sin fin. La más polémica, casi sin límites y una de las más “detestadas” por la audiencia.
Eres sinónimo de incongruencia Mila, estás loca por trabajar y que no se te vea como una enferma, pero desde el minuto uno, decidiste compartir con nosotros tu enfermedad, incluso dándonos tu diagnóstico médico, ese día me quede atónica, teniendo en cuenta, que la primera vez, que entras en directo por teléfono en Sálvame, no lo dices completo y luego, nos comentas algo más.
Ese día, en el que compartiste con todos nosotros tu informe clínico, me quedé lívida, y lo único que pensé, quien cuernos te ha dejado hacer esta entrevista, porque no estás bien, con la hostia de realidad, que te acaban de dar.
¡Quién es el que no te quiere, que te lo consiente!
Cuantas veces he oído decir en Sálvame, eso ya se sabía, pero por respeto, no lo sacamos, más de una, amigos míos, y pensé, y porque esto no se oculta, se comenta con el pretexto, que nos íbamos a enterar, Mila no es de las de tener prensa, en la puerta. Te iban a ver entrar y salir de la clínica y para eso, ya lo compartes tú, con la audiencia.
Antes que nada, nadie, puede decir tu enfermedad, si tú no lo autorizas, en tu programa no hubieses especulado con ellos, hubierais callado, como otras tantas veces.
Ahora que estás enferma, e inestable, emocionalmente hablando, en medio de una pandemia, pretendes acaso, ¿qué se te haga caso? o ¿qué confiemos más en ti? A pesar de todo, sigues sin levantar simpatías y eso que la “sociedad” tiende a ponerse del lado del más “débil” o más enfermo.
Hay gente que no se cree tu enfermedad, yo sí me la creo, lamentablemente, he estado en medio de esa enfermedad y se los cuidados que requiere, la paciencia que hay que tener y el amor que hay que dar en esos casos, sé lo que hay que hacer, pero parece que tú no.
Siempre has dirigido tu vida, como te ha dado la real gana, y eso en el fondo, es de valientes, pero no has medido las consecuencias, en otras épocas de tu vida, y dicho por ti misma, no lo has hecho bien, lo has reconocido, asumido y lo has corregido, llegando a donde estás ahora.
No tienes a nadie Mila, realmente ¿No tienes a nadie, que te ponga el freno?, estás haciendo daño a todas las personas que te quieren, a mí no, que no te quiero, que no estás en mi vida, sólo eres un personaje televisivo, gritón, maleducado, narcisista, el resto del tiempo, que no estás en pantalla, para mí no existes, se apagan los focos y no eres nadie.
Compartes con nosotros tu soledad, tu angustia, tu tristeza y nos dejas pinceladas de tu dolor, por el tratamiento, probablemente te sientas más a gusto y mejor. No te cansas de decirnos, que vas a pelear, que no te vas a rendir y eres tan ingenua, que te lo crees. Tú ansia por trabajar, no sé si es por dinero, o por darle normalidad a tu vida, por no caer en “depresión”, por no dejarte ir. Nadie se ha parado contigo a decir, “echa el freno madaleno”, tus reflexiones, aunque reales, no deberían de ser públicas, te estas desdiciendo de algo muy fuerte, no nos dejas estar, a tu lado, en tu casa, conmigo, ni me dejas ir, ni te quieres venir, bajo la falsa excusa de, yo puedo, estoy bien.
Nos cuentas nuevamente tu historia, dejando de lado, a los que te rodean, con un egoísmo supremo. Nos cuentas tus miedos, tu soledad, dejando claro y patente otras veces, que tú puedes con todo y que además no quieres a nadie al lado.
¿Eres consciente del daño tan grande que estas provocando a tus seres más queridos?, nadie de tu familia, se ha sentado contigo y te ha dicho por ahí no, ¿te has puesto en la piel de tu hija, sólo por un minuto? Hazlo Mila, hazlo, porque por más que te mientan, no lo estás haciendo bien.
Tú para mí, no eres nadie y viceversa, con una diferencia, llevas formando parte, de mi desinformación rosa durante once años, sin contar “El tomate”, “A tu lado”, que también los he visto. No te lo tomes a mal, ya que va con cariño, para ya, porque le estás haciendo daño a quien más quieres, y cuando pasen unos años y alguien vea todas tus apariciones televisivas, se van a hacer muchas preguntas y van a ver tu inestabilidad emocional, que es totalmente comprensible, pero evitable. Te lo dice alguien que ha enterrado una madre, y que se ha papado esa misma enfermedad, esa larga y dura enfermedad.
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